domingo, 16 de septiembre de 2012


La cerveza de los Monasterios
La razón por la que los monjes dedicaron su tiempo a la fabricación de cerveza fue la búsqueda de una bebida alimenticia y con buen sabor para acompañar sus comidas, que en el tiempo de la cuaresma eran mínimas. Como la nutrición líquida no rompía las reglas de la cuaresma, la cerveza estaba permitida. El consumo de cerveza en los monasterios alcanzó un volumen impresionante: según las crónicas, a los monjes se les permitía tomar 5 litros de cerveza al día.
        

Como se puede ver en muchas pinturas, los monjes con el tiempo cogieron mucha afición a la cerveza, pero después de algún tiempo, empezaron a fabricar cerveza no sólo para su consumo propio, sino también para su venta. Por una pequeña tarifa se les dio el derecho de vender cerveza y los monasterios llegaron a ser cervecerías muy florecientes. La cerveza se vendía en la cantina del monasterio. Como los monasterios se formaron como fábricas de cerveza, éstas llegaron a ser muy buenas y apreciadas.




Durante el Imperio de Carlomagno…

Durante este período la elaboración de la cerveza comenzó a considerarse como un oficio por primera vez. El emperador mandó a traer a la corte a los mejores “fabricantes” de cerveza y la bebida comenzó a producirse en una cervecería común por pueblo en la que los habitantes podían elaborar su propia cerveza, aunque pagando un impuesto al señor feudal.




La bebida de los pobres

En la Edad Media el consumo de la cerveza era muy alto y se repartía a lo largo de toda la jornada, tanto para los hombres como para las mujeres y hasta los niños desde los cinco o los seis años. Se desayunaba con cerveza, mojando en ella pan seco, acompañado de queso, sopa de avena, verduras y en otras comidas del día cuando las había.
Finalmente, con la llegada de la noche, se ahogaban en cerveza las fatigas de la jornada. Eduardo I de Inglaterra en el siglo XIII, estableció que sus soldados tenían derecho a recibir un galón de cerveza al día (unos 4´5 litros al día).
Sin embargo la cerveza mantuvo un fuerte distintivo social ya que, en campo o en la ciudad con o sin lúpulo, la cerveza siempre fue una bebida de pobres: por su fabricación casera, por sus características alimenticias y de sabor, por tener un precio relativamente bajo (siempre ligado al de los cereales), pero también y sobre todo por su imagen: en la sociedad cristiana solamente podía ser una bebida inferior al noble fruto de la vid, el vino.

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